¿Qué es el Programa?

¿Qué es el Programa?

En el año 2002, la Comisión Provincial por la Memoria de la provincia de Buenos Aires lanzó el programa Jóvenes y memoria. Recordamos para el futuro, convencida de la enorme potencialidad de la escuela para los trabajos de la memoria. El punto de partida no fue sólo el mandato de recordar como imperativo ético de la educación en tiempos de democracia, sino el reconocimiento del derecho a la memoria de las nuevas generaciones. Es decir, la escuela no como vehículo para la transmisión de un legado sino como espacio para la apropiación de las experiencias pasadas.

El Programa Jóvenes y Memoria se creó para propiciar preguntas. No se trata de hacer repetir a los jóvenes el relato de los mayores, sino que puedan reelaborarlos, tamizándolos en la trama de su propia experiencia. 

La propuesta consiste en desarrollar durante todo el año, un trabajo de investigación sobre el pasado reciente de la comunidad. No se fijan límites temporales precisos, sólo se insiste en la escala local y que el tema se inscriba en el eje “A 40 años del Golpe: derechos humanos y democracia”.

Una de las ideas guías del Programa es que las historias reconstruidas y narradas por los jóvenes sean de su localidad. ¿Qué es lo local? En principio, señala una cuestión de escala frente a otras como “regional”, “nacional”, “global”, “universal”. La inscripción “local” de las historias indica menor escala, proximidad, particularidad, individualidad.  Y por otro lado, da cuenta de una ubicación expresada en fórmulas binarias como “centro-periferia”, “centro-márgenes”, “metrópoli-interior” que denotan relaciones de poder o jerarquías. Pero además lo “local” remite al locus, es donde ocurre la experiencia. En ambas direcciones lo “local” está ligado al trabajo identitario ya sea en su relación dialógica con las otras escalas como al relato del “yo” individual y comunitario referido a la experiencia vivida.

Es en este territorio donde, por ejemplo, resisten y circulan aquellos relatos que siguen evocando al pasado dictatorial como un tiempo “donde todo fue mejor”, desafiando así a estas cada vez más poderosas memorias oficiales que lo conmemoran para repudiarlo y en cierto sentido se diferencian de otras memorias justificatorias de la represión, sostenidas aún hoy por los mismos represores, en tanto no son formuladas en clave ideológico-política. Son memorias “de abajo” en tanto disputan con las “de arriba”, construyéndose dialógicamente con ellas. 

Lo local se revela entonces como un espacio que da cuenta de dimensiones del pasado que no serían inteligibles desde el relato público a la que la escuela debe tributar.

La experiencia del Programa

Así emergen nuevos relatos del pasado y nuevas agendas del presente que permiten ampliar el círculo de los que recuerdan y denuncian no solo porque se suman nuevas voces al coro, sino porque se transforma lo narrado. 

La construcción de estos mapas de la memoria es un trabajo de significación que conecta el pasado con el presente y el futuro. Por eso no se trata sólo de pensar qué pasó sino qué nos pasa todavía. El Programa Jóvenes y Memoria se creó para propiciar preguntas. No buscamos que las nuevas generaciones repitan el relato de los mayores, sino que puedan reelaborarlos, tamizándolos en la trama de su propia experiencia.

El camino por los que el Programa nos llevó y la experiencia de trabajo con los jóvenes nos permiten realizar una serie de reflexiones: ¿Qué novedades traen las nuevas generaciones en los modos de elaboración de las experiencias pasadas? ¿Qué nuevas dimensiones emergen? ¿Surgen otros relatos? ¿Surgen otros narradores?

De la observación del conjunto de investigaciones realizadas por los equipos de trabajos podemos advertir algunos rasgos distintivos:

  • la habilitación y proliferación de nuevas voces que narran el pasado
  • la ruptura del silencio
  • la emergencia de la “zona gris”
  • la reelaboración de la identidad social
  • la conexión del pasado con distintas problemáticas actuales
  • la preeminencia de la vida cotidiana como dimensión clave a comprender
  • la emergencia de historias no contadas
  • la problematización del conflicto entre distintas memorias
  • la intervención en la formulación de la memoria pública

Estos años de recorrido nos llevan inevitablemente a hacer un balance de los resultados de un programa que se propuso como desafío pensar a las nuevas generaciones no como receptores de relatos del pasado sino como emprendedores de la memoria social.

Eso implicó no asumir desde el Programa la enunciación de un relato cerrado y acabado sobre el pasado sino posibilitar la emergencia de narrativas plurales, ligadas a los contextos locales, culturales, sociales y generacionales. La intención de la propuesta remite a habilitar distintas conexiones entre el pasado y el presente, de acuerdo a la impronta que portan los actores particulares. Sabemos que la memoria es plural en la medida que resulta de acciones selectivas del pasado en su relación dialéctica con el presente y la construcción de expectativas de futuro.

La sociedad argentina ha ido cambiando: el lanzamiento del Programa se producía en el marco de la intensa crisis iniciada en el 2001, desde entonces la agenda de los distintos momentos históricos fue atravesando los trabajos de estudiantes y docentes. El Programa ha sido apropiado y resignificado por los jóvenes. Paulatinamente las investigaciones fueron incorporando nuevas temáticas, marcadas por una agenda dinámica que se expresa en la renovación de los tópicos a investigar. La trata de personas, los problemas medio ambientales, la violencia de género, entre otros, son los temas que fueron emergiendo a los largo de los años, estableciendo conexiones interesantes con el pasado.

Desde el Programa nos interesa incorporar a las nuevas generaciones como actores activos en los procesos de elaboración social del pasado. Que la memoria no sea algo dado sino construido significativamente desde su experiencia generacional. De esta manera se habilita un proceso de apropiación crítica de la experiencia histórica que les permite historizarse como sujetos, volver a pensar el presente como resultado de esa historia y posible de transformarse, en la medida que el tiempo deja de percibirse como un presente continuo.

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Un comentario

  1. Mónica /

    Dia a día con el paso del tiempo, podemos verificar la importancia del programa Jóvenes y Memoria. Es sumamente importante analizar,repensar,criticar nuestro pasado junto a los jóvenes, para que podamos ser artífice de nuestra historia, para que los hechos aberrantes del pasado no se vuelvan a cometer.

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